SEGUIDORES DEL AVERNO

15 de junio de 2017

INSERVIBLE MAÑANA



Había resignado veinticinco centavos para la fuente de la nueva plaza San Martín. Es horrible, inservible mañana. Veinticinco centavos para una fuente sin un querubín que pudiera mear distraído. El lujo del frío quebraba el pelo de una vieja que sentada abajo de un árbol de paltas fumaba su último cigarrillo. La mirada gris de un ñoqui hacía resaltar el entusiasmo genérico de un vago. Las palomas listas para el guiso del hambre, los jóvenes plantando banderas y cantando baladas salvajes, dos hombres masturbando a un gato, y el sexo de un lagarto que se borra sobre el regazo de un ánimus infinitamente podrido.
¿Por qué no ser, espontáneamente, quien se baje los pantalones y tomar el lugar de un querubín postergado? 
Mañana perdida para siempre. Veinticinco centavos me había costado una meada en esa fuente. Veinticinco centavos para una fuente que evade impuestos y es experta en lavar dinero.

(Ariel Van de Linde)

A ELLA



A ella, que le sobra una sonrisa
para una flor inquieta
o para un pájaro que perdió su canto
o para un mundo falto de tierra,
le regalo esta imagen sin cara.
Le atribuyo el desierto 
para que dibuje en la arena
los que otros disfrutarán invisiblemente.

A ella, que le sobra caricia en sus manos
para tocar la espalda de la luna
o para darle luz a un sol eclipsado
o para eternizar la lágrima discreta de un niño,
le regalo estos ojos gemelos.
Le entrego mi clarividencia
para vivir ciego 
y poder disfrutar mejor la metáfora de un sueño.

A ella, que le sobra universo en sus ojos
para mejorar la incredulidad del amor
o para llenar de vida a la incomprendida muerte 
o para crear un paraíso en el infierno,
le regalo este corazón de piedra.
Le doy el Tiempo que los hombres temen
para revivir en la carne 
la sencilla voz de un fin que no existe.

Le atribuyo mi esperanza, 
le entrego mi paciencia,
le doy mi respiro,
le regalo mi espíritu, que se aleja.

(Ariel Van de Linde)