SEGUIDORES DEL AVERNO

15 de abril de 2017

A UN NIÑO EN ALGÚN VIENTRE




Allí estás, niño, alejado de toda sombra
y sonriendo en un vientre
que espera ser abandonado
para que dejes de burlarte de él.

Allí estás, tranquilo, macilento, alimentándote
y pendiendo de un cordón
acurrucado en tu luna de anhelos
sin saber que pronto despertarás de ese sueño,
sin saber cuál es el destino que te espera,
sin saber cómo será el sol que veas por primera vez.

Habría que condenar al dios que te engendró
sólo por el crimen de haberte engendrado
en medio de una guerra de odios primitivos
y que pronto será tu amanecer, el mar que no ves
será un cosmos de nítida palidez.

Mejor duerme, no despiertes, sigue soñando,
pasa desapercibido de las bombas en Oriente,
Cartago ya pisó su sombra en el recuerdo;
África sigue ardiendo salvaje, el oro de Roma
seguirá en su apogeo mientras sus cardenales
caminarán sobre los muertos.

Siria, Irak, Irán, el impío Norte y en el sur mi país
con un millón de riquezas muriendo de hambre,
niños con lágrimas herrumbradas, tus madres
con la lengua llena de sed. La amargura en una cruz,
el fuego en las calles, el grito de una palma que declina.

Hay hipócritas, rezan dejando al arbitrio
de la suerte tu destino. También son haraganes,
justamente rezan para no ayudarte.
Hay Poetas, ¡Poetas!,
que podrían arroparte y que sienten la poesía
pero también hay “poetas” que se enriquecen
haciendo de la poesía una perfidia.

Mejor no despiertes, niño, sigue allí, sigue soñando,
deja que el silencio juegue con sus pensamientos
cada explosión de tu corazón,
deja que la esfera que te protege
sea la aurora diminuta de tu tiempo.

Ahora que ya eres carne y espejo
no hay mejor Paz que ese lugar donde duermes
y no hay peor Guerra que estar a punto de nacer.
Sigue allí, tranquilo, alimentándote, no despiertes.

¿Quién es este mundo, quién soy yo, para merecerte?  

(Ariel Van de Linde)

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