SEGUIDORES DEL AVERNO

26 de diciembre de 2013

EL GRITO DE DIOS


¡Hágase el tiempo!...
Y se hicieron las cosas
en un Bang poderoso sobre
el vasto silencio eterno.

Al titánico grito que expandió
billones de luces como esferas
lujuriosas, arduas de amor
que sólo escuchó el universo
aterido y vacío cegando al espacio.

A mi vista la danza bella
y estelar de uno y otro mundo,
de mil solsticios y firmamentos
que dan forma a sus constelaciones,
la danza de diamantes hermosos
desde las novas hasta las auroras.

¡Peguémonos al grito del todo!
¡Hágase todo y perfecto!

Oh sol, oh luna, oh polvo estelar,
únanse al juego de los anillos.
Oh lo nuevo por venir, oh planetas,
oh tierra santa, oh Set, hijo del principio,
hermano del poniente antiguo.

Oh eclipse narrador de profetas,
oh tribus de la noche llena
que en su épica los sueños nos llevan
a un vuelo inconcebible, inmortal.

¡Oh universo, Dios originario!

Súbanse al grito que yazgo
al hado tangible de su teoría.
Súbanse, que es el grito de Dios
donde somos muchos y sólo somos uno,
vagando en un misterio invisible
que se mece a la vista divina, tenue,
y tal vista nos abraza, visible e infinita.


(Ariel Van de Linde)

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